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CAPITULO 3 EL ATERRIZAJE

Tras otro vuelo de 14 horas aderezado esta vez con nuestros dos hijos de 1 y 3 años, llegamos a nuestro nuevo edificio y, en el mismísimo portal, me encontré a Ana Castro, una Bilbaína guapísima y encantadora con la que iba a compartir mucho, mucho más que una dirección.

 

-  “¡Hola! Eres Española verdad?, ¿llegáis ahora de España?”. Ana era muy suspicaz y lo descubrió únicamente observando nuestra cara color “verde vuelo transoceánico” y nuestras 14 maletas.

 

- "Hola, ¿qué tal? Si, acabamos de aterrizar, estamos más perdidos que un pulpo en un garaje"…

 

-  “Yo vivo en el 11, toma mi teléfono para lo que necesites” dijo ella. Rápidamente me hice un tatuaje con su número, aun no lo sabía, pero lo iba a utilizar MUCHO.

 

Nada más abrir la puerta de nuestra nueva casa sentí un impacto visual que me dejó en shock, parece que mi conversación sobre cómo quería poner la casa “tonos neutros y muebles sencillos” no había calado y nos encontrábamos ante una reproducción cutre del castillo del conde Drácula: sofás de sky, cortinas verde pistacho estilo Escarlata O´ Hara por toda la casa, incluida la habitación de los niños que parecía sacada de la casa del pueblo de mi tatarabuela, pero en antiguo.

 

Miraba yo melancólica por la ventana ocultando mi estupor (tras las gruesas cortinas rococó verde pistacho) cuando divisé a unos niños en clase de natación por la ventana, con sus correspondientes madres, así que bajé corriendo y apunté a Sol a natación:

 

- "Señora, solo quedan 3 clases".

 

- "Perfecto, no importa, yo la apunto".

 

En tres días compartiendo piscina con mis vecinas conseguí una invitación a un cumpleaños infantil. ¡Premio! Primer plan chileno. También gracias a una conversación de piscina conocí a la que iba a ser uno de mis pilares en Chile…la única e inigualable, Bea Antón, conocida como el mayor movimiento sísmico de Chile:

 

- “¡Holaaaaa!! Tú eres la nueva ¿no?, me ha dicho Ana que habías llegado, soy Bea, vivo en el 13.

-       

En ese momento se acercó a nosotras un niño rubio de unos tres años que Bea procedió a lanzar a la piscina sin dejar de mirarme a los ojos mientras charlábamos…

 

- “¡No te preocupes!", dijo al ver que mis ojos saltaban de sus órbitas y rodaban por el suelo de la piscina, "así aprenden, salen nadando. Mi padre nos lo hacía siempre, salen nadando”.

 

Y, en ese momento, comprendí que Bea era única en su especie. Y no me equivocaba. 

 

Bea tenía una marca de ropa, Beba Luna, y hacía ventas en su casa, o por cualquier sitio que pasaba porque jamás vi mejor vendedora. De hecho, consiguió venderme un minishort que todavía, cada vez que me acuerdo, me da un ataque de risa.  

Una señora se asomó entonces a la ventana y se dirigió a ella: “¡Beita! ¡Mañana es el desfile de la colección primavera verano de Max Mara! Te voy a mandar una invitación para que vengas con tus amigas”.

 

No desaproveché la oportunidad y, rápidamente dije “Qué buen plan, yo también me apunto”. Y así fue como, poco después de aterrizar en Chile conocí a Bea y a sus amigas.

 

A esta técnica de gran ayuda la he bautizado “el efecto lapa” lo he estado ensayando intensivamente, consiste en pegar la manga hasta que te integras. 

 

- "¡Qué elegancia vecina!", me dice Bea gritando cuando se abren las puertas del ascensor. Salimos a esperar un taxi y en seguida llega una chica alta, rubia y muy sonriente.

 

- "¡Hola! Soy Marta, tú debes de ser la recién llegada!".

 

- " Si, ja ja, esa soy yo sin duda, ¡Encantada!". 

 

Marta es encantadora y habla por los codos, casi tanto como yo, así que en seguida nos ponemos al tanto de nuestras respectivas biografías, Marta había trabajado muchos años como abogada en un Despacho de abogados muy parecido al mío, ambos en el top 3, y al llegar a Chile se había pasado a los RRHH y se había convertido en una enamorada del Coaching. Al poco tiempo de llegar a Chile con sus tres hijos pequeños se separó así que Marta era una auténtica heroína y un ejemplo de superación, la viva imagen de mi máxima vital: "la vida, es como te la tomes". 

 

- "¿Qué quieres hacer durante esta etapa?. ¿Quieres trabajar en Chile o has pensado algo? La verdad es que en Chile hace falta gente potente y que traiga ideas nuevas al ámbito de los rrhh, sigue siendo un área muy ejecutiva en general y poco metida en la estrategia".

 

- "Pues no he pensado nada aún, Raul me hizo prometerle que no me iba a poner a trabajar nada mas llegar, que esperase a estar integrados, no se fía nada de mi, ja, ja. Quiero aprovechar para pensarlo bien y hacer algo que no me hubiera atrevido a hacer en España por ejemplo. 

 

- Tienes que certificarte en coaching, ¡te va a encantar!. Hablamos y te cuento escuelas y todo, ¡a mi me apasiona!.

 

Llegamos al centro comercial donde se organizaba el evento, y Bea me presentó al resto de sus amigas, Pati, Lucía, Marta… "¿eres la vecina de Bea?", "¿Eres la nueva?", "¡Hola Blanca!" Escuché decir con acento Cordobés, y allí estaba también Anita. Parece que el mundo Españoles en Chile es un pañuelo. 

 

 

Moraleja: Decir que si a cualquier plan, aunque te de corte, aunque no conozcas a nadie, aunque tu marido te mire con cara rara porque, tras tres días en Chile, le abandonas para irte con unas desconocidas vestida de coctel y pintada como una puerta. 


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