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CAPITULO 1 Y asi empezo todo

Me quedan unas pocas semanas para finalizar una etapa de mi vida y dar un salto mortal hacia un destino desconocido pero, como todos los destinos, lleno de posibilidades. 

 

Hace unas semanas decidimos aceptar la oferta de expatriación a Chile que le hacían a mi marido y estamos en una olla a presión de emociones. Diría que la que más pesa es la ilusión pero seguida muy de cerca por los nervios…

 

Raúl, mi marido, es ingeniero de caminos en una empresa de servicios de telecomunicaciones y yo trabajo en RRHH y comunicación en uno de esos Bufetes de abogados glamurosos en algo que podría definirse como “traducción y consultorio intergeneracional”.

 

- "Blanca, tenemos que valorar algo que han ofrecido". Me dijo muy serio cuando nuestros hijos Sol y Guille se quedaron dormidos tras un par de cuentos. "Me proponen irnos expatriados a Chile, quieren que dirija la operación de la empresa allí. Tenemos mucho que pensar, hacer un listado de pros y contras en función de las condiciones, valorar si nos compensa económicamente, y, sobre todo, que pienses si estás dispuesta a dejar tu trabajo...".

 

 - ¡Si!.

 

- "Mañana me dicen las condiciones y hacemos cálculos, luego lo pensamos bien, prepararé un excel con toda las variables a tener en cuenta y vemos como lo enfocamos.

 

 - "¡Qué si!".

 

- "A ver, yo creo que las condiciones serán interesantes porque nos pagarán la casa y el colegio de los niños pero a ver que me dicen del sueldo claro…y luego hay que pensar que de inicio tendríamos sólo un sueldo y nos tiene que compensar".

 

- " ¡Pero qué cálculos! ¡Nada que pensar, ya te digo que si! ¡Me apetece muchísimo! Es una oportunidad increíble ¿cómo vamos a decir que no?. ¡Me voy a poner el pijama, busca mientras el capítulo de Madrileños por el mundo en Chile que ahora mismo casi no se ni dónde está!!. ¡Vaya aventurón!, ¡Vaya aventurón!..." gritaba mientras me iba alejando por el pasillo.

 

Es divertido como enfocamos de forma diferente estos cambios mi marido y yo. Raúl es sumamente prudente, analítico, racional, inteligente, serio y reservado. Yo soy digamos “menos prudente”, extrovertida en extremo, hiperactiva y con una necesidad constante de compartir con todo el mundo lo que se me pasa por la cabeza.

 

Cuando tomamos la decisión él tardó 15 minutos en decirme que no lo podía contar, demasiado tiempo para un notición estratosférico:

 

 - "Blanca, por favor, ¡no se lo cuentes a nadie aún!, me gritó desde el salón mientras me cambiaba.

 

 - "¡DIECISEIS!" le contesté mientras hablaba con mi amiga Ana. Él ha tardado dos semanas ¡DOS SEMANAS! en decírselo a su familia. En fin…cambios de enfoque.

 

No esperé mucho a comunicar en la oficina que, después de diez años, me iría en unos meses. A la mañana siguiente, antes de que Raul hubiese tenido tiempo de desenfundar su excel, me senté a primera hora en el despacho de mi jefe con un nudo en la garganta.

 

Ignacio era una persona tranquila, de una serenidad infinita, analítico y reflexivo hasta el extremo, además de una buenísima persona a la que yo, estoy segura, descolocaba sin parar con mis ideas poco convencionales, mis salidas imprevisibles y mi sentido del humor estrafalario:

"Ignacio, ¿tienes un momento? tengo que contarte algo (lagrimones incontenibles), me voy del Despacho. Le han hecho una oferta de expatriación a Chile a Raul y es una buenísima oportunidad para nosotros, además de una aventura en toda regla". 

 

Tras tenderme un pañuelo y dejar pasar unos minutos larguísimos Ignacio me miró tras sus gafas de pasta dijo:

 

- "Me alegro mucho por tí. ¡Pero no llores!, es una buena noticia y tendremos tiempo hasta que te vayas de organizarlo todo aquí. Me da muchísima pena que te vayas, sobre todo personalmente, estoy seguro de que me voy a reír mucho menos y se me va a hacer todo mas cuesta arriba sin tus cosas. No sabes lo que te voy a echar de menos, Blanca".

 

A partir de ahí empezó una espiral de despedidas, abrazos, informes de todo tipo, forma y color , cierre de proyectos y datos varios.

 

- “Qué valiente, yo no me iría nunca, ¿Y vas a renunciar a tu carrera profesional?” Me decían algunos. "Claro es normal, así puedes dedicarte a los niños".

 

- "Uff, que lejos, si acabáis de compraros la casa, ¿No estabas tan contenta?".

 

Muy poca gente es capaz de pensar poniéndose en tu lugar, desde otro punto de vista que no sea el suyo, por mucho que te conozcan. Puedo llegar a decir cosas como “mejor vamos a otro sitio que en ese ya estuvimos una vez”, siempre me ha encantado descubrir cosas nuevas, conocer gente, probar comidas exóticas, viajar, emprender proyectos, inventarme canciones… todo lo que sea novedad me ilusiona. Soy una novelera. Así que os podréis imaginar por qué no he puesto trabas a esta aventura, que para mí no supone una renuncia sino un nuevo reto que aprovecharé al 200%.

 

Partimos de cero, no conocemos a nadie, ni hemos estado nunca allí, esto lo hace aún más ilusionante.

 

A medida que voy despidiéndome de la gente que me importa, que es mucha y muy variada, me van poniendo en contacto con amigos suyos que están en Chile. Es curioso cómo, de repente, todo el mundo conoce a alguien allí.

 

- "¿A Chile?" Me dijo Mar en cuanto se lo conté. "Unos de mis mejores amigos viven allí hace años, se llaman Ana y Jorge, te pongo en contacto con ellos ya para que quedéis en cuanto vayas".

 

 

Tampoco es todo color de rosa, me pesa dejar mi trabajo, porque soy una privilegiada y disfruto al máximo con lo que hago, y porque es un lugar increíble, lleno de personas alucinantes de las que he aprendido infinidad de cosas y donde siempre me he sentido querida.

 

Me pesa dejar a nuestros amigos, no poder abrazarles todas las semanas y no poder reírme con ellos a carcajadas.

 

Me pesa dejar a mi familia, incluso a la política que ya es también mi familia, y no poder pasar los domingos de aperitivos y cañas con unos y otros.

 

 

Pero en la balanza pesan más la ilusión de emprender nuevos proyectos, de conocer nuevas culturas, de aprender de otras personas, de reírme también a carcajadas (con otro acento, ¿por qué no?) y de volver dentro de unos años con la mochila llena de nuevas experiencias para compartirlas con todos ellos porque la vida, es como te la tomes, y no hay que dejarla pasar sino comérsela a bocados aun sin saber muy bien a qué sabrá...


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