· 

CoronaHeroes

Para ser un héroe hoy no hace falta tener capa, ni pegarse con los malos, ni esquivar golpes o balas. Esta, es la historia de los héroes cotidianos, una historia sobre historias que se asoman, cada día a la ventana.

Dan las 20.00h, la hora de los aplausos, pero también la hora de las historias anónimas que salen a la ventana, cada día, a las 20.00h.

 

Hoy he visto en la ventana del quinto de un edificio cercano a un señor de azul, tiene cara de llamarse Alfonso. Lleva pantalón azul, jersey azul y camisa de cuadros rosas. Le falta energía, claro, es lunes. Alfonso, definitivamente, es de color azul marino. Trabaja como administrativo, en una empresa de construcción, tiene miedo de perder su trabajo con la crisis. No es que le guste su trabajo, que no le gusta nada, pero él se conforma. Y así pasa los días de su vida azul marino, esperando sin esperar. Y yo le voy quitando pedacitos de su intimidad con mi imaginación. Alfonso no está casado, tiene 38 años y vive sólo. Tuvo una novia muchos años a la que conoció en la universidad, pero le dejó porque él no tenía expectativas en la vida. Ella no le dijo esto claro, le dijo, como nos han dicho a todos, que necesitaba tomarse un tiempo, o que no era por él, o que necesitaba encontrarse a sí misma, algo así le dijo y ya han pasado cuatro años.  Alfonso pasa estos días de su vida azul marino en casa, sale una vez a la semana para hacer la compra. Se ha hecho unas mascarillas siguiendo las instrucciones de uno de esos vídeos virales que le mandó su madre, que es viuda y tiene ya 82 años. Alfonso nunca había hablado tanto a su madre pero le preocupa y, ahora, que tiene tiempo, la llama todos los días. Ese día que sale para hacer la compra, aprovecha y la hace también para ella. Se la deja en el ascensor con todas las precauciones que es capaz de reunir, pero siempre con una nota que pone "Animo Valiente" y, por eso, Alfonso es un héroe. Aunque no lleve capa.

 

En otra ventana, cercana a la de Alfonso, se asoma una pareja con su hijo de 6 años. Pablo, supongo. Pablo lleva gafas y se le ha caído un diente, me hace gracia. Tiene cara de gamberro. Si algún día tengo un hijo me gustaría que se pareciese a Pablo.

Pablo se ríe con su cara de gamberro mientras aplaude con todas sus fuerzas, sonríe todo el tiempo, tiene toda la vida por delante para tomar sus decisiones, aunque él no lo sabe. Puede ser todo lo que quiera, tal vez por eso sonríe, aunque no lo sepa y llena su casa de gritos, a veces de alegría, y, otras, de desesperación.

Sus padres compaginan el teletrabajo con el telecolegio y las tareas domesticas. Al principio discutían mucho "¡Te toca a tí!" "No, yo puse el desayuno esta mañana y le ayude con el ejercicio de las letras, además ahora tengo una conference!"... Pero ya se van organizando y han aprendido a coordinarse, ya solo discuten una o dos veces al día. Él le lleva una cervecita fría cuando ella tiene un mal día y ella le da un beso de vez en cuando, solo porque si. Cada vez les va costando menos y cada vez disfrutan mas del tiempo juntos porque intentan hacerse la vida mas fácil unos a otros, porque hacen carreras de obstáculos en su salón de 13 metros cuadrados y porque ya les da igual que Pablo manche de nocilla el sofá y, por eso, son héroes cotidianos.

 

Ahí está ese señor que canta a veces desde su ventana y nos alegra la tarde. No sé su nombre, ni quiero  imaginar su historia, me quedo siempre en su voz. Tiene voz de negro, una voz rota, y cada tarde, nos hace sonreír, aunque llevemos ya 28 días sin salir. Yo creo que canta porque le gusta, le tiene que gustar si provoca en mí esta emoción, si no lo sientes no lo puedes transmitir, creo. Teniendo esa voz es normal que se sienta obligado a compartirla, y por eso canta, por generosidad. Tiene voz de héroe.  

 

En la casa de abajo vive una familia grande, con hijos adolescentes, hay una chica de unos 20 años, llega tarde al balcón porque estaba jugando al mus con sus amigos por zoom y se ha liado, como siempre. No la veo ahora pero no es necesario para conocer su historia…Se llamará Ana. Ana es licenciada en derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, quiso estudiar allí oponiéndose a su padre, que estaba empeñado en que estudiase en una universidad privada donde estaría más arropada y tendría muchos más medios y mejores oportunidades. Ana es cabezota, tenía claro dónde quería estudiar y no cedió ante los argumentos de su padre. Seguramente él está orgulloso, aunque no lo diga, aunque se hiciera el enfadado, se le cae la baba con su hija mayor, porque ella, es igual que su padre. No tiene unos ojos bonitos, ni un pelo especialmente brillante, ni una nariz pequeña, ni los dientes alineados, pero es guapa con una belleza que le sale de dentro. Con la belleza del que está seguro y va pisando fuerte, y brilla. Ana termina la carrera en Julio, con buenas notas aunque sabe que podrían ser mejores, es muy extrovertida y no ha podido evitar pasar tiempo en la cafetería dónde jugaba al mus matando las horas muertas del turno de tarde. No sabe que será de su vida, ni si podrá terminar al final este año, pero Ana vive al día, aprovecha cada minuto y sonríe y, con su optimismo, anima a todo el que tiene a su alrededor, y, por eso, Ana es una heroína. 

 

Ya se cierran las ventanas guardando las historias cotidianas, historias anónimas de Coronahéroes, esos héroes sin capa que luchan también cada día cada uno con su propia historia, con la siguiente página en blanco dispuesta para ser escrita y, tal vez, si te veo por la ventana, también para ser contada...¿ y tú? ¿Eres un CoronaHeroe?.

Escribir comentario

Comentarios: 0