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Chile llora

El estallido de violencia, eco del grito de un Chile desesperado, hizo que temblasen los cimientos de una sociedad con extremas desigualdades, una sociedad en la que lo primero que te preguntan al conocerte es “¿A qué colegio fuiste? O ¿en qué trabaja tu marido? para ponerte tu etiqueta en la escala social. Una sociedad en la que pesa más la cuna que la capacidad o el mérito.

Soy Española, adoptada por Chile con mi familia hace más de 4 años, y sumamente agradecida a este país que nos recibió con los brazos abiertos y nos dio miles de oportunidades.

He leído estos días varios artículos en la prensa internacional que me han puesto los pelos de punta. Artículos tendenciosos que ofrecen una imagen muy poco objetiva de la situación que atravesamos en Chile.

El estallido de violencia, eco del grito de un Chile desesperado, hizo que temblasen los cimientos de una sociedad con extremas desigualdades, una sociedad en la que lo primero que te preguntan al conocerte es “¿A qué colegio fuiste? O ¿en qué trabaja tu marido? para ponerte tu etiqueta en la escala social. Una sociedad en la que pesa más la cuna que la capacidad o el mérito.

Dicho esto jamás pensé que me iba a alegrar de tener a las fuerzas de seguridad en la calle, jamás pensé que me dejaría respirar un toque de queda. La situación del país, con muchas empresas e infraestructuras en llamas (Enel, Telefónica, más de 80 sucursales del Banco Santander, un Hotel, cientos de supermercados, tiendas, negocios particulares, estaciones de metro, autobuses...), colegios cerrados, personas que no pueden ir a trabajar porque no tienen forma de llegar, violencia en las calles, barricadas, fuego, inseguridad absoluta, colas eternas en los supermercados por miedo al desabastecimiento y grupos de vecinos en las calles intentando proteger sus zonas y a sus familias, lo requiere. Aunque no nos guste, aunque coarte nuestras libertades. Porque nuestras libertades también las coarta que dinamiten las estaciones de metro, las coarta una turba descontrolada con ansias de venganza y destrucción que ha generado más de 900 MM de dólares en pérdidas ( y subiendo...). Chile vive unos días críticos en estado de emergencia y con toque de queda. Unos días de incertidumbre, de mil mensajes de whatsapp, de algunas noticias falsas y de muchas, igual de terribles, verdaderas. También de oportunistas haciéndose la foto llevando la cena a los conserjes como forma de expiar años de indiferencia hacia los menos favorecidos que no estudiaron en los mismos colegios.

También vivimos muchas caceroladas y manifestaciones históricas, pacíficas y en positivo si, fruto de un Chile grande que se une contra la injusticia social y ahí no está, ni debe estar, el foco en que las fuerzas de seguridad actúan. Donde actúan por necesidad es cuando se desata la violencia y el vandalismo extremo de aquellos que no protestan sino destruyen (hay zonas enteras desabastecidas en las que no queda en pie un solo supermercado, estamos haciendo colectas de alimentos para enviar allí). 

Por supuesto habrá casos de heridos que sean fruto de la brutalidad de algunos (macarras hay en todas partes) por supuesto que da miedo ver tanques en la calle y militares armados hasta los dientes por la acera pero, desde luego, estos artículos no reflejan la realidad ni el espíritu de la situación porque, cuando vives con el miedo en el cuerpo estás deseando que haya fuerzas de seguridad en la puerta de tu casa para que tus hijos de 8, 5 y 2 años puedan dormir seguros.

Y si, hay otro Chile, un Chile que intenta levantarse de nuevo con los ojos mas abiertos, uno que despierta a una realidad que estaba ahí, latente, pero invisible para muchos que no la querían ver porque así era más cómodo, como ese vecino mío que presumía de que en el directorio de su empresa fueran "puros hombres, todos ex alumnos del mismo colegio", o como ese CEO que quería incorporar un directivo y me pidió "que sea rubito" o ese otro que me preguntó si una chica brillante que le presentaba para un puesto de CFO "no se querrá cambiar por una de esas cosas de mujer"...

Solo espero que ese % que se equivoca en "la forma" aunque no en el fondo, deje de explotar este periodo como si viviese en un "All inclusive" saqueando comercios y tiendas grandes y pequeñas y empiecen a construir en lugar de destruir para poder avanzar juntos hacia ese lugar mejor que construiremos entre todos. 


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