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EL RETORNO

Hay un momento mágico en la vida de todo expatriado… ese momento del año en el que coges un avión con destino a tu país. Ese momento en el que se hace mas fuerte que nunca el cordón umbilical del emigrante… 13.000 km, 12 horas de vuelo, 6 horas de diferencia horaria, otro hemisferio, estaciones enfrentadas, eses y zetas, raíces frente a adopción, nuevos amigos frente a amigos de siempre.

Maletas, nervios, emoción por ver quién estará esperándote al otro lado de la puerta de “Salidas” del aeropuerto (siempre lloro, aunque no haya nadie, …). La máxima ansiedad mientras esperas las maletas… con ganas de empujar la cinta transportadora para que salgan antes. El expatñol vive con máxima emoción el salir del avión y oler España, que sí, huele diferente. Mirar el cielo, las casas, las carreteras, tomarte la primera caña en una barra de bar, con su tapa. Los mil reencuentros… 

 

Al llegar siempre te entra la hiperactividad, no existe el jet lag porque quieres ver a todos, y hacerlo todo, lo antes posible… ir a tomar el aperitivo, pisar la playa, sentarte en el sofá de casa de tus padres, abrazar a tus hermanos y amigos, a todos, al mismo tiempo,  tomarte una copa, ir a cenar tus sitios favoritos ... ¡que son tres semanas y en seguida se acaban!

 

Y te invade de nuevo, como cada año, la sensación de tener que aprovechar al máximo cada segundo con las personas que quieres, y que siguen con sus vidas y sus rutinas (y no se dan cuenta de que, para ti, cada segundo con ellos es oro) antes de que se termine y vuelvas a tu nuevo hogar con tu nueva familia adoptiva, que también es maravillosa. 

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Comentarios: 3
  • #1

    Raúl (viernes, 29 junio 2018 16:43)

    Snif

  • #2

    Ana (viernes, 29 junio 2018 17:25)

    Que cierto todo Blanca y que suerte si llegas a tener tres semanas para poder repartir!!!!

  • #3

    Ana C. (viernes, 29 junio 2018 17:40)

    Estupendo como siempre, yo también lloro siempre cuando llego!!! No lo puedo evitar!!! Disfruta de España y de la familia.