CINCO COSAS QUE DEBES SABER ANTE LA LLEGADA DE UN BEBÉ

Pedrito llegó anunciando, espero, lo que será en adelante su vida, en medio de un parto de los mas festivo en la clinica Alemana de Vitacura, Chile. Nunca pensé que te lo pudieras pasar tan bien durante un parto… eso era lo mas parecido al camarote de los hermanos Marx.

Comparado con España (o al menos con Madrid) Chile es el paraíso de la maternidad. Te cuidan como oro en paño y te tratan como a una diosa del olimpo (claro, que lo pagas con creces porque de la sanidad pública mejor no hablamos...). Mi matrona, Araceli (no sabía antes de Pedro de la existencia de las matronas), o mi nueva mejor amiga, nos trajo un desayuno digno de un luchador de sumo "para coger fuerzas”. Charleta, epidural y a las 12.15h, tras mandarnos callar el Dr. Valdivia porque no se podía concentrar si seguíamos hablando y riéndonos nació Pedro. Lo cogí en brazos, y dos lagrimones de una emoción que dejaría a la altura del betún al mismisimo Bayona rodaron hasta el suelo. “Ha sido como estar en un cóctel, me lo he pasado bomba” dije al equipo médico, o mis nuevos mejores amigos, y acto seguido me subieron a la habitación para pasar dos días "irreales" de visitas, cuidados de enfermeras, matronas y pediatras y tranquilidad.

 

Estas son las cinco cosas de las que no me acordaba y que debes saber:

 

1.  La alucinante sensación de coger a tu hijo en brazos por primera vez y, en ese mismo instante, comenzar a quererle. Su olor a bebé, lo suaves que son, el instinto de protección que se despierta instantáneamente al sentir que tienes en tus brazos una nueva personita que depende completamente de tí. (No siempre, una amiga de mi hermana al nacer su hijo comentó entre lágrimas "pues yo no siento nada, ¡ni siquiera le conozco!" pero todo llega...

 

2. El bucle eterno, cíclico e incesante, de la lactancia en las primeras semanas, o el C2 (comer, cagar y vuelta a empezar). No me acordaba de esos momentazos en que tras despertarte en mitad de la noche y darle de comer, se hace caca y al cambiarle se espabila. Cuando mientras le cambias el pañal se hace pis hasta en el pelo (el tuyo y el suyo, el pijama, el body y la pared). Y, como no, las eternas autopreguntas “¿tendrá hambre otra vez? ¿Le dolerá la tripa? ¿comerá suficiente?...” 

 

3.  Bye bye vida: La imposibilidad de hacer planes o quedar a una hora en concreto y que coincida con ese espacio de tres horas (con suerte) entre toma y toma. Intentar calcular cuando le va a tocar comer para ver si te da tiempo a ir a la compra o que sean las 11 y en un instante mires el reloj ¡y sean las 2 como por arte de magia!. El tiempo se convierte en un agujero negro de una dimensión desconocida...

 

 

4. La complejidad de salir de casa. Esa gran diferencia entre tener y no tener hijos.

Los que no tienen hijos cuando van a salir de casa solo tienen que hacer una cosa: abrir la puerta y…¡salir!. Los que tenemos hijos…en fin… "has cogido pañales? ¿toallitas? (nunca se tienen suficientes toallitas) ¡Ay! El chupete! Uf, creo que se ha hecho caca… ¿el cambiador?. Y en la fase II: pliega el cochecito, mételo en el maletero, pon a los niños en sus respectivas sillas del coche y reza para que no se te haya olvidado nada...

 

5.  Las frases hechas que todo el planeta repite al ver a un bebé y que no sé nunca contestar: 

  • Parecidos: “Es igual que el tío Jacinto” “La misma barbilla que su padre” “Igualito que su hermana” "tiene tus ojos" (perdone señora que los bebes ¡son bizcos y tienen los ojos cerrados!) o los mas discretos “¿a quién se parece? (personalmente no suelo encontrar parecidos a un recién nacido, salvo contadas excepciones, o en cualquier caso con otro recién nacido)
  • Mundo alimenticio: ¿Le estás dando el pecho? ¿Y cuanto tiempo le vas a dar? ¡Vaya pregunta! ¿Te pregunto yo por tus pechos? Bastante tengo con parecerme a Afrodita en Mazinger Z al grito de "pechos fuera"…
  • Temperatura corporal: Este niño tiene frío, ¿no le pones una mantita? o este niño tiene calor, quitarle la chaquetita o ¿..le vas a sacar así…?

Lo cierto es que, al menos en mi caso, el aterrizaje de mi Chilenito ha sido increíble. Con el tercero estás más tranquila, te lo sabes ya todo, te preocupas menos y creo que, por eso, los terceros, en general, son santos (al menos hasta que entran en la edad del pavo). Como contrapartida te toca acumular paciencia para lidiar con dos enanos que no entienden que su madre lleve una pegatina constante y que reclaman un tiempo que no tienes y hay que encontrar. Y que a ratos se parecen peligrosamente a Damian en La Profecía....


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Comentarios: 3
  • #1

    David (domingo, 04 diciembre 2016 17:35)

    Totalmente de acuerdo excepto con las 3 últimas líneas.
    Por cierto tu ahijado te echa de menos.
    Besos.

  • #2

    andrea (miércoles, 14 diciembre 2016 18:32)

    Blanca! Me ha encantado. Cuanta razón tienes!! y que mejor momento para leerlo cuando solo llevo 7 días de maternidad.
    Pedrito es monísimo. Espero que siga siendo un santo por mucho tiempo.
    Un beso fuerte!

    Andrea RM

  • #3

    Camila (martes, 17 octubre 2017 05:06)

    Jajajajaj buenísimo! Ya te comentaré! Mientras me preparo... un abrazote