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ENCHILIADA

Me quedan unas pocas semanas para finalizar una etapa de mi vida y dar un salto mortal hacia un destino desconocido pero, como todos los destinos, lleno de posibilidades. despedidas, presentaciones, investigación, búsqueda, cierres y aperturas...

Hace unas semanas decidimos aceptar la oferta de expatriación a Chile que le hacían a mi marido y estamos en una olla a presión de emociones. Diría que la que más pesa es la ilusión pero seguida muy de cerca por los nervios… Él es ingeniero de caminos en una constructora y yo trabajo en RRHH en Cuatrecasas en algo que podría definirse como “traducción y consultorio intergeneracional”.

  

Es divertido como enfocamos de forma diferente estos cambios mi marido y yo. Él es sumamente prudente, racional, inteligente, serio y reservado. Yo soy digamos “menos prudente”, extrovertida en extremo, hiperactiva y con una necesidad constante de compartir con todo el mundo lo que se me pasa por la cabeza.

 

Cuando tomamos la decisión él tardó 15 minutos en decirme que no lo podía contar, demasiado tiempo para un notición estratosférico: ¡Yo ya había hablado con unas 16 personas… él ha tardado dos semanas ¡DOS SEMANAS! en decírselo a su familia!. En fin…cambios de enfoque. 

 

Suelo orientar a estudiantes universitarios sobre salidas profesionales: “¿Qué harías con tu vida si tuvieras tiempo y dinero ilimitados?” les pregunto. Creo que hay que optar siempre por lo que te haga feliz porque sólo hay una vida, con una faceta personal y otra profesional, pero solo es una.

 

Ahora, que empiezo desde cero, me debo hacer a mí misma esta pregunta que me resulta difícil de responder porque mi vida me parece ya muy completa y mi trabajo me apasiona. 

 

Mientras intento responderme para reinventarme a mi alrededor escucho cosas como: “Qué valiente, yo no me iría nunca” "¿Y vas a renunciar a tu carrera profesional? Claro, es normal, así puedes dedicarte a los niños” “Uff, si acabáis de compraros la casa” o “¡Qué suerte! Ahora, ¡a vivir!”… Hay para todos los gustos, pero muy poca gente es capaz de pensar poniéndose en tu lugar, desde otro punto de vista que no sea el suyo, por mucho que te conozcan.

 

Puedo llegar a decir cosas como “mejor vamos a otro sitio que en ese ya estuvimos una vez”, siempre me ha encantado descubrir cosas nuevas, conocer gente, probar comidas exóticas, ir a sitios nuevos, viajar, emprender proyectos…Todo lo que sea novedad me ilusiona. Sí, qué pasa, soy una novelera, así que os podréis imaginar que no he puesto trabas a esta aventura, que para mí no supone una renuncia sino un nuevo reto que aprovecharé al 200%. 

 

Partimos de cero, no conocemos a nadie, ni hemos estado nunca allí, esto lo hace aún más ilusionante. A medida que voy despidiéndome de la gente que me importa, que es mucha y muy variada, me van poniendo en contacto con amigos suyos que están en Chile, es curioso como de repente todo el mundo conoce a alguien allí.

 

Me pesa dejar mi trabajo, porque soy una privilegiada y disfruto al máximo con lo que hago, y porque es un lugar increíble, lleno de personas alucinantes de las que he aprendido infinidad de cosas y donde siempre me he sentido querida. Me pesa dejar a nuestros amigos y compañeros, no poder abrazarles todas las semanas, y no poder reírme con ellos a carcajadas. Me pesa dejar a mi familia, incluso a la política ;) que ya es también mi familia, y no poder pasar los domingos de aperitivos y cañas con unos y otros.

 

Pero en la balanza pesan más la ilusión de emprender nuevos proyectos, de conocer nuevas culturas, de aprender de otras personas, de reírme también a carcajadas (con otro acento, ¿por qué no?) y de volver dentro de unos años con la mochila llena de nuevas experiencias para compartirlas con todos ellos porque la vida, es como te la tomes, y no hay que dejarla pasar sino comérsela a bocados aun sin saber muy bien a qué sabrá... ya os lo iré contando.

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Comentarios: 1
  • #1

    Leticia (lunes, 19 febrero 2018 14:11)

    jajajaaj que manera tan literal de describir el proceso! Bravo Blanca!